sábado, 3 de octubre de 2026

                             LA BOLA NEGRA

 Una película realmente original y formidable. No podemos negar que los directores -los javis- saben lo que están haciendo, y lo hacen de una manera muy especial y directa. Tres personajes en busca de su identidad, de saber quiénes son y qué sentido tienen sus vidas. Unas historias labradas en el tiempo y en la guerra civil española, que no hay lugar a dudas, que nuestra guerra se ha convertido en uno de los grandes mitos del siglo xx. Sebastián, Carlos y Rafael luchan por encontrar un sitio en un mundo que no entiende la diferencia. "Soy distinto, no estoy normalizado y por ello, se me persigue y se me considera un peligro". En este caso, el hecho diferenciador es la homosexualidad de los tres protagonistas, pero bien pudiera ser cualquier otro: ser judío, moro, comunista, migrante, etc. La película nos hace ver como la intolerancia nos lleva a cometer la mayor de las injusticias. Tres víctimas enlazadas en una misma trama de búsqueda personal a través del otro. El amor aparece como la respuesta para encontrar un punto de salvación. Yo no soy solo mi cuerpo pero mi cuerpo me permite llegar a los otros, a los demás y a través de los otros llegar a mi mismo, a mi interior. Aunque no lo parezca, la película es esencialmente platónica: la búsqueda de la belleza que se manifiesta de muchas maneras: en lo estético y en lo personal.Una belleza cuya búsqueda solo es posible mediante el amor. Y creo que este es el punto de actualidad de la película, inmersa también alrededor del contexto violento de la guerra y de la creación perdida de un poeta, García Lorca, que fue asesinado precisamente por ser diferente y no traicionarse a sí mismo para salvar su vida. Y aquí aparece otro elemento genial de la película: las decisiones a las que nos lleva la vida para labrarnos un camino. La decisión que debemos tomar, la correcta nunca viene clara y distinta como diría Descartes. Algunos piensan que es una cuestión de suerte (la moral luck de Bernard Williams), otros de tener principios sólidamente construidos, otros de la inteligencia de saber interpretar el momento, otros de un análisis racional de la realidad, otros de guiarse por la religión, etc, etc. Las decisiones nos pueden hacer felices o todo lo contrario y cuando la felicidad no es posible bajo la decisión "correcta" solo nos queda esperar la muerte o la infelicidad.Esta es la gran pregunta: ¿es posible tomar una decisión auténtica, que no traicione tu verdadero ser, una decisión que emane de tu propia voluntad? La cuestión de la voluntad ya es harina de otro costal.



lunes, 4 de mayo de 2026

LA GRACIA

 

Sorprende Sorrentino ¡Cómo siempre! Aunque parezca una contradicción que un director que hace de su cine la sorpresa pueda seguir sorprendiendo. Una película realmente magnífica que aborda la identidad desde un punto de vista realmente original. Ya he hablado de otras películas del director -uno de los más sugerentes del panorma actual- que hace del cine auténtica filosofía, sin aburrir, sin grandes palabras o escenas soporíferas tan características del llamado cine de autor. ¿Qué es la gracia? Una de las acepciones de la palabra es el perdón o indulto que se concede de manera gratuíta, sin ningún merecimiento en particular. En la película, el presidente de la República tiene la facultad de indultar -conceder la gracia- a dos personas propuestas por el gobierno, y como jurista reputado que es busca la razón por la que concederla o negarla. ¿De quién son nuestros días? ¿Quiénes somos nosotros? ¿Es posible encontrar la verdad? La verdad solo se contempla desde lejos, en la lontananza, dice Mariano de Santis, porque de cerca aparece confusa. Sin embargo, De Santis solo puede encontrarla mirándola a los ojos. Es un problema de identidad, pero no de una identidad individual o social, de ciudadanía, es una identidad  más profunda, de la propia conciencia, una identidad moral. Y es que Occidente, en los tiempos convulsos que estamos viviendo, solo puede entenderse desde unos valores determinados, desde la duda de lo que somos y una profunda reflexión del sentido de la vida y del amor, en definitiva, desde la Filosofía.

sábado, 6 de enero de 2024

La sociedad de la nieve

En la búsqueda de los límites nos buscamos a nosotros mismos. Lo que somos es lo que estamos dispuestos a hacer. La sociedad de la nieve es una guerra de limites. ¿Hasta dónde queremos llegar? ¿La supervivencia lo es todo? Son jóvenes, quieren vivir pero, a veces, el precio es demasiado caro, hay una moral que nos define, ¿qué precio tiene la traición a uno mismo? Algunos dudan, otros están desde el principio convencidos: traspasar ls límites de lo inimaginable. Vivir vivir, tal vez morir, esa es la cuestión. Aparece también una generosidad sin límites: doy permiso para utilizar mi cuerpo para que otros vivan. Las condiciones extremas ponen a prueba a los más fuertes. La vida se hace insoportable, el sufrimiento no tiene límites y, sin embargo, hay un deseo más fuerte que el yo. Resistimos, física y moralmente, hasta el infinito y más allá. Quizas nos hemos perdido pero a la vez nos hemos encontrado.es un proceso de ida y vuelta, me aparto de mi identidad para encontrarla. Me tapo los ojos para verme distinto, soy otro pero soy el mismo.La vida, la identidad, el yo es una paradoja. Reflexionamos para buscarnos y encontrarnos pero la vida nos enseña y aprendemos a relativizar. No hay nada seguro excepto lo que nos propongamos a nosotros mismos. Cada uno busca sus límites y eso es lo que nos hace diferentes.

jueves, 21 de diciembre de 2023

Un Amor


 Película de Isabel Coixet que como todas sus películas es de una gran profundidad temática. Primero, desconcierta el título, pues no está claro -o al menos a mí me lo parece- que el amor sea el asunto central del filme.

Segundo, me parece una película extremadamente pesimista sobre la naturaleza humana. Nadie se salva, no hay ningún referente moral, aunque creo que esa no es la preocupación de la autora, todos los personajes tienen una pequeña miseria moral que ocultar, hasta la propia protagonista que se "engancha" extrañamente de un hombre mayor despreciable en muchos aspectos, pero ¿quién no lo es?

Ambos protagonistas, la actriz y el actor están muy bien, por no decir del personaje que representa Hugo Silva, simpemente maravilloso, en una faceta totalmente distinta a la que nos tiene acostumbrados en otras interpretaciones.

La pérdida dela identidad es radical, y lo peor parece que es una pérdida irrecuperable, a eso me refiero que el pesimismo desborda por toda la película. No hay posibilidad de una reconstrucción en valores que no sean falsos, apostados, como los aristócratas franceses que criticaba el filósofo Rosseau. Todo el mundo representa un papel que quiere llevar hasta el final sabiendo que lo que le mueve son cosas distintas, no declaradas, ocultas, excepto el Alemán que es claro en sus intenciones, sin disfraces, pero a fuer de sinceridad termina por ser despreciable, un hombre sin alma, descorazonado, resultado de una vida miserable. No hay lugar para la compasión, ni para la dulzura, aunque sea fingida. El mundo rural y el urbano no son tan distintos, ambos decorados de un teatro vital.

lunes, 22 de noviembre de 2021

¿El buen patrón?

 En la novela «El Camino» Miguel Delibes hace decir a uno de los chicos que el verdadero hombre es un hombre equilibrado, «un hombre que no pecaba ni por exceso ni por defecto, un hombre en el fiel»; y eso es precisamente Blanco, dueño de una fábrica de balanzas obsesionado con la medida justa, con el fiel de la balanza. Pero ¿quién es en realidad Blanco? ¿El empresario jefe bueno y comprensivo que trata a sus empleados como  si fueran sus hijos? ¿Un filántropo dedicado y preocupado por la gente? En realidad, vamos descubriendo al verdadero Blanco en el transcurso de la película. No es lo que parece, realidad y apariencia invaden el relato de la realidad creada por la obsesión de Blanco, hasta los propios recuerdos aparecen alterados por su autobiografía. Nada es lo que parece, la verdad es una cuestión del relato que uno hace convincente para los demás, es un problema de comunicación. Blanco, el buen patrón, es el prototipo del posmodernismo, el hacedor de realidades alternativas que en el fondo esconden el interés del dinero. ¿Su mujer? Aparentemente con un papel menor, es la única que tiene los pies en la tierra, que interpreta la realidad desde los hechos, consciente de lo que representa. No le importa la justicia, ni la igualdad, pero tampoco lo disimula, simplemente la cosas son como son y nada ni nadie puede cambiarlas. Al revés que su marido, no se esconde en la hipocresía, pero acepta sin ninguna reflexión moral la injusticia de los hechos.

Magnífico Javier Bardem en un papel que lo hace perfectamente creíble. Excelentes todos los demás actores y actrices que giran alrededor aunque quedan un poco en sombra para la actuación sobresaliente de Bardem. La película toca todos los temas actuales: las relaciones laborales, el feminismo, la violencia sexual, la inmigración, la deslealtad, el adulterio. Todas tienen un pequeño momento y todas son parte del problema de la identidad que viven las sociedades tardomodernas. La fragmentación de las mismas ocurre en todos los ámbitos y apunta a lo mismo: la soledad del ser humano, la pérdida del yo, acabar con la conciencia moral que inventaron los ilustrados. 

Blanco no solo es un hipócrita, termina por convertirse en un cínico, pero de la peor calaña pues ni él mismo sabe que lo es. En su realidad paralela, en su autonarración con la que se construye su personalidad, su yo, su identidad, se ve como una buena persona, un buen patrón. ¿Dónde está el límite de la inmoralidad? ¿Estamos condenados a la barbarie?

domingo, 21 de noviembre de 2021

Dune: una odisea espacial

 

Una nueva historia de héroes y villanos. La obsesión americana del elegido, el salvador, el esperado que va a traer la libertad al pueblo explotado. Muchos guiños a la Grecia clásica, Troya, la guerra santa, a los símbolos de una cultura heroica. Paul, el protagonista no sabe quién es aunque toda su vida ha sido labrada en torno a su destino como sucesor del duque, señor de los atridas. Vive instalado en la duda, pensamientos extraños, sentimientos encontrados porque otra vida se le presenta en sueños, premoniciones, muertes, guerras, un territorio distinto. Es joven, casi un adolescente pero con temores, preocupaciones y responsabilidades de una persona importante, sin saber exactamente por qué es tan especial. Su madre, mujer heroica, procedente de dudosa reputación, es la amante y preferida del duque, el padre de Paul. Como toda madre de héroe es una mujer excepcional, alumna aventajada de las sacerdotisas del emperador, que ha criado a su hijo en los secretos del autodominio y control, hecho que Paul va enterándose poco a poco, viviendo, en el conocimiento de los otros se conoce a sí mismo y en especial en el amor. Dune no es más que la búsqueda y encuentro de uno mismo, la aceptación de lo que somos y la asunción del destino. La lucha por la autenticidad, por el yo auténtico se revela esencial y no aceptar lo que somos solo puede convertirse en tragedia, en el fracaso de nuestra vida como mendigos, vagabundo, seres perdidos que han abandonado toda lucha. El espíritu de Nietszche  se  manifiesta en todo el relato. Debemos abandonar la zona de confort para convertirnos en héroes, en nuevos hombres de un mundo nuevo, pero ello solo mediante la lucha, el enfrentamiento, las dificultades que nos van probando, revelando nuestro yo verdadero. ¿Cómo saber quién somos? Esa es la pregunta que no se responde, la pregunta filosófica desde Sócrates. La respuesta está en el camino, en el echarse a andar y enfrentarse a lo desconocido.

viernes, 1 de octubre de 2021

Maixabel

Lo que hemos hecho no podemos cambiarlo y, como dice Aristóteles, la felicidad solo puede venir como resultado de toda una vida de la que podamos encontrar un relato sincero y honesto de nosotros mismos. Los protagonistas de esta película no pueden encontrar la felicidad. Uno por lo que ha hecho, la otra por lo que le hicieron. Solo en el perdón, el encuentro, la explicación de por qué se hizo lo que se hizo ambos esperan encontrar la expiación, pues ambos se sienten culpables. Uno por lo que hizo, la otra por lo que no hizo. La cuestión es que si no podemos encontrar la felicidad porque se nos ha negado, quizás podemos encontrar la tranquilidad, lo que los griegos llamaban la ataraxia.

Sartre decía que somos lo que hacemos, Ibón se ha convertido en un asesino y no puede dejar de pensar en lo que es, ¿cómo retroceder y evitar el pasado? Es imposible, soy lo que he hecho y eso nada ni nadie lo puede cambiar, ¿hay alguna manera de expiar la culpa? El cristianismo ofrece el arrepentimiento y el perdón pero si uno no cree, ¿que posibilidades se le ofrecen?

Maixabel siente la incomprensión del asesinato hasta el punto que le impide continuar en  un proyecto de vida que había pensado junto a su marido. Está perdida, estancada; toda la vida se ha parado en el punto del atentado. ¿Cómo puede continuar? ¿Qué le impide seguir adelante?

Somos fantasmas en busca de una identidad que apenas podemos atisbar en el curso de una vida. Algunos llegan creerse su propia historia, otros se quedan en el camino, otros se hacen monstruos y otros jamás se lo preguntan. La filosofía ofrece consuelo, o eso dicen algunos, pero la búsqueda del sentido de la propia vida fuera de la religión se torna difícil, sin esperanza en otra vida. Decía Sócrates, una vida sin filosofía no merece la pena de ser vivida. Quizás podamos borrar las huellas de la memoria que no nos gusta (aunque nunca del todo, y menos con google) mediante la superposición de otras memorias dignas de ser recordadas; del verdadero arrepentimiento y consuelo de aquellos a los que hemos hecho daño, y con la esperanza de que no se vuelva a repetir. Ibón es la respuesta a reencontrarse con uno mismo en la propia renuncia del yo . Maixabel es la respuesta a superar el dolor con valentía y generosidad. Ambos deciden seguir adelante, no olvidan, simplemente se encuentran y dialogan. Se hacen filósofos, y es precisamente esa pequeña ventana de la filosofía la que les permite abrir un nuevo camino, con o sin esperanza, en la razón.